miércoles, agosto 05, 2009

No voy

yo todavía te pienso mucho como para apersonarme en esas tierras calientes cuyo vapor susurraría en mis oídos el eco de cada promesa que ahi me hiciste;

todavía se me desvanece el rencor al ver colarse por tus ojos al niño que nunca has dejado de ser
y todos esos rostros, voces, escenarios, olores conocidos me arrastrarían a esa parte de mi memoria que tanto me empeño en ignorar;

todavía encontraría en ese camino algunos pedazos de mis sueños rotos,
como moronas que fuimos dejando en el suelo para nunca perdernos.

aun no soy tan fuerte para pisar sobre las huellas que dejaste sin quemarme los pies.

Asi que no voy a Zamora.

miércoles, julio 08, 2009

No sólo MJ le cantaba a Ben...

Cuentan que, de muy niña, solía hablar con las ratas.

Me colocaba frente al desagüe del lavadero,
en cuclillas,
y conversaba con el mamífero que por ahi se asomaba.

No tengo la más remota idea de qué diablos pensaba,
pero conociéndome,
supongo que me parecía una criaturita del señor como cualquier otra.

Digna, por tanto, de atención y afecto,
igual que el resto de las inmundas, fétidas y grises criaturas del señor.

Siempre hice víctima de mi conversación a cuanto ser tuviera orejas.
Siempre tuve afección por los seres rechazados,
tradicionalmente discriminados, repudiados,
proscritos.

Hay vicios que nunca se quitan.

martes, mayo 26, 2009

Madrugada

No puedo dormir.
No quiero dormir.

La noche siempre me parece demasiado buena para desperdiciarla durmiendo, y el día demasiado lánguido para soportarlo despierto.

El miedo no ayuda.
El hambre tampoco.
La ansiedad es el gatillo del insomnio.

La inseguridad que dejan mis demonios cuando me hablan todos al mismo tiempo, me ha robado el sueño últimamente.

Tu cuerpo desnudo a mi lado tampoco ayuda.
Tu piel grita ¡Bésame!
y yo podría perder el sueño del resto de mis noches obedeciéndole.

Ya maté dos escarabajos (de esos idiotas que chocan por todas partes).
Ya desapareció la cucaracha que iba a matar también: encontró los restos de un escarabajo y los llevó a casa, para cenar en familia.
Ya vi una bolsa de plástico moverse sola.

Ya me sumergí en tus motivos ocultos, sin poder des-cubrirlos.
Ya hasta se quitó el calor.
Ya intenté trabajar -sin conseguirlo, por supuesto-.
Ya hasta se me está yendo el hambre.

Ya busqué justificaciones reales para mi afán de huir y cumplir con mi fatal destino (manifiesto), para luego quejarme de él.
Sólo encontré una, pero no suficientemente contundente.

Y sueño sí tengo, pero mañana regreso a mi estanque y no quiero pasar dormida las últimas horas que me quedan con tu privacidad.
Al menos de ésta semana.

Desearía que mi piel sudara uno de esos brillantes poemas que escribes.
Ojalá yo no hubiera sido secuestrada, al nacer, por el miedo.
Desearía no pasar la madrugada buscando pretextos para escapar de quien amo.

Entonces podría dormir como anoche, adherida a tu corteza y babeando tu tronco.
Enramada.

Entonces dormiría como quien no teme perder tiempo porque no teme morir,
no espera despierto a la muerte cada noche.

sábado, mayo 16, 2009

Amanecí con un dolor en el corazón.
Incluso, el dolor me despertó.

Estaba sumida en uno de esos profundos y bizarros sueños que suelo tener (diario) y no tenía intenciones de despertar hasta recibir esa llamada prometida, la que me ha estado despertando los últimos días. Pero no, el corazón me arrancó de mi sueño gritando "¡DESPIERTA! Sal de esa cama YA mismo y ve a buscarlo.

Si pues, abrí un ojo. El otro con dificultad: el rímel había pegado mis pestañas. Empezó a preocuparme ese dolor, era muy intenso pero no era un infarto; no me dolía el brazo ni me faltaba el aire; es más, ni siquiera era realmente un dolor. Era como si hubiera dormido con un yunque sobre el pecho y la presión ejercida estuviera haciendo sus efectos. Pero era preocupante: sin siquiera ser un dolor, me dolía cada vez más y me estaba provocando un ataque de ansiedad.

Quizá era eso: un ataque de ansiedad. No son algo nuevo para mí, pero hace mucho tiempo no padecía uno. Y ahora no tiene razón de ser, aquella vez fue resultado del cocktail que me tomé: una onza de abandono, dos de desamor y el toque final, unas tachas malignas que me recetó el doctor para curar mis úlceras gástricas.

Pero hoy no pasó nada. Incluso estaba contenta, ya había encontrado una línea narrativa para mi texto, bastante buena -ahora sólo faltaba desarrollarla- y mi espacio onírico ésta vez no era la pesadilla. Soñaba estar con mi tío y su novio, en su casa -que no es la real- fumando y conversando. Salí al gran jardín de la casa por la puerta equivocada y arrojé mi colilla al aire, pero al notar que caía en el pasto, corrí a apagarla. Menos mal, pues cuando me acerqué ya estaba quemando un papel. La apagué sobre una enorme piedra que, a su vez, despedía fuego con la fricción de mi colilla. Una mujer gritaba al fondo del jardín, "Paco mira, está saliendo fuego de la piedra", lo que me hacía voltear hacia arriba y ver a mi tío trepado en un árbol, con esa actitud regañona de siempre. Al mirar mi propia piedra, veía que era idéntica a la de la mujer y notaba que, por cierto, también le estaba saliendo fuego azul. Entonces le grité a Paco "aqui también" y me empezaba a parecer surreal la escena, surreales la mujer y yo mirando piedras idénticas, con fuego azul saliendo de ellas, cuando mi corazón gritó.

¡Despierta y salte de ahi!

Salté de la cama como quien encuentra un alacrán entre sus sábanas. Me disponía a bañarme para salir pronto de ahi, me apresuré como nunca -soy lennnnta como perezoso- pero me seguía angustiando la tormenta que sentía dentro, ese dolor intocable y casi indescriptible que me cerraba el esófago; me dolía respirar y tragar la leche que me serví, y que acabé por tirar.

Abrí la puerta de la casa. Ya no me bañé, ya no importa. Tengo que salir. La cerré inmediatamente. Lo que ví coincidía perfectamente con el dolor -o lo explicaba-: no había calle, ni auto, ni árbol, ni casas, ni cielo. Todo blanco. Vacío. Nada. El límite de la realidad era el marco de esa puerta; después, un blanco absoluto e inexorable. Y por supuesto, aterrador por inexplicable.

Cerré la puerta y volví corriendo a mi cama. Esto es un sueño, pensé. Confié. Al cruzar el umbral de mi recámara, vi el cuerpo de una mujer acostado boca abajo, abrazando la almohada y con el rostro sumido en ella. Se instaló en mi todo el desconcierto y el pánico que un sólo ser humano pueda conocer, pero levanté la sábana para ver quien era.

Su cuerpo estaba rígido y azul. Como ese fuego, como mi dolor de corazón. Debajo de su seno izquierdo, aplastado entre el pezón y la sangre ya seca, el alacrán.

viernes, mayo 15, 2009

lunes, mayo 11, 2009

Not very brave-heart

Aun no sé si soy yo la tierra sobre la que echarás tus últimas raíces.

(ok, sí sé).

Tus laberintos no me dan miedo
pero sí lo que tus miedos, tu egoísmo
y tu instinto juntos te lleven a hacer.

Pero gozo y seguiré gozando de tus mieles,
tu virtud, tus ansias, tus dependencias;
tu tan negada nobleza.

Seguiré endulzándome ésta amargosa vida
con el jugo caliente que emerge
cuando exprimo tu trémulo corazón.

Hasta que reviente el mío.

Que, a fin de cuentas, suicida sí soy.

viernes, abril 03, 2009

Palabras

Este viernes de nuevo me dió la gana de escribir, pero sólo por romper con lo que ya era rutina, no escribiré na'.

Sólo mencionaré una frase que Eduardo Galeano dijo ayer, en Ciudad Universitaria:

"Las palabras se transfiguran y se multiplican dentro de quien las recibe".

Sus palabras aun se reproducen en mi mente.

viernes, marzo 27, 2009

Vendredi

En francés se oye menos repetitivo, aunque últimamente sólo postee en viernes. Esta habitación me gusta, es calurosa pero no todo puede ser perfecto, es acogedora y el aire es ligero...

Pero me da rabia estar en ella los viernes por la tarde: días en que debería salir corriendo, con las venas empujando la piel, queriendo atravesarla y reventar sobre otra... Debería estar corriendo en mi auto hacia el sur de la Ciudad, haciendo uso de mis nuevas habilidades como cafre defeña (sí, más. al menos ya pongo las direccionales a veces) para llegar pronto a Taxqueña... o rumbo a mi estanque, a donde llegaría a empacar un par de calzones, peinarme un poco y tomar carretera... La carretera me relaja de una forma extraordinaria, casi tanto como lo que encuentro al final de ese camino...

Y en lugar de eso, me quedaré en Deefe y en el estanque no habrá oxígeno este vendredi. Hasta mañana. Me quedo mucho más tiempo del que debo en esta oficina porque sé que no hay prisa, no tengo que salir corriendo, el viernes es quieto y pasivo, el aire no levanta las hojas del suelo ni atiza ningún fuego. Y me pierdo una noche de incomodidad y ronquidos.

Además, el lentobus es un asco. Supongo que también me quedo por resistencia a subirme en ese horno hitleriano.

Puagg.

Cerati dixit: Y si te abrazo es para sentir que a nuestro amor nunca podrán sacarlo de raíz.

viernes, marzo 20, 2009

Friday, I'm in love

Lo sabía.

Últimamente lo sé todo.
Debo haberme tragado un amuleto,
un cuarzo, un talismán;
o quizá por fin despertó la bruja
que vivía en mi interior.

Pero sabía que este viernes el aire se volvería denso
habría tiempo pero no serenidad
descanso pero no oxígeno.

Y es que los viernes mutaron,
se volvieron kármicos, cabalísticos;
en los viernes de las últimas semanas,
me ha salido en el rostro algo extraño,
raro como un barro a los 30 años.

No así este viernes.
este viernes no es 13,
no hay sonrisa ni demonio,
ni aire, ni árbol.

Este viernes vuelvo a ser Daria.
Me dispongo a hibernar.

viernes, marzo 06, 2009

¿Innecesaria?

No, no necesito suerte.
Nunca la necesité.

Pese a vivir en el infierno, siempre presumí de ser "la hija favorita de los dioses".

Pero luego desperté (al menos de los demonios sí lo fui).

Se me acabó el ingenio, perdí la locura en alguna parte y fue entonces cuando me volví loca.

Bajé al mundo y, buscando encajar en él -your world, that is- me hice reportera, esposa, hija-sobrina-prima-amiga, me hice responsable de mi perro... casi un ser humano. Me volví práctica, sensata, puse los pies en la tierra. No maduré, pero escondí al diablo en el clóset.

Y perdí los favores del infierno.

Pasé de la insania al trastorno de ansiedad, de la pasión al Tafil,
de la acidez en el habla a la úlcera gástrica,
de la adrenalina a la sangre coagulada.

Perdí altura, perdí la rabia,

Perdí mi ojo de venado.

Aunque amé intensamente y viví lo que quería vivir,
me perdí.

Y al pie del cadalso, con la soga al cuello y la camisa de fuerza ajustada,
fui salvada de alguna -aun- inexplicable forma.

No requerí suerte, no.

Requerí la mano misma de los dioses deteniendo la caída,
suero intravenoso, electroshocks, adrenalina inyectada al corazón;
fue preciso un aquelarre para formular éste embrujo;
cirugía a cráneo abierto, lobotomía para extirpar la razón.

Fue necesario un regalo de los demonios, envuelto en celofán,
con un moño plateado y una nota que decía "ya no mames"
para revivirme.

De manera que éste viernes ya no necesitaré más milagros,
sólo suerte para completar el que ya me fue concedido.

martes, febrero 24, 2009

la muralla (muy verde)

Estoy parada sobre la muralla que divide
todo lo que fue, de lo que será.

Son las 2: 13 am
estoy a oscuras
en mi casa tenebrosa
mis hijos yacen detrás de mí vencidos por Morfeo
y yo recién concluí una fibrosa aunque virtual -y muy verde- conversación.

Puedo ver más claramente el diesel debajo de la nube blanca
la vida sigue siendo la misma porquería
pero la caída no deja de ser extrañamente placentera...

Estoy mirando cómo mis heridas se cerraron
y cómo se desangra un nuevo corazón.

Tengo lo que tengo que tener
Están los que tienen que estar
Después de haberlo perdido todo,
lo que viene... es plusvalía.

martes, febrero 17, 2009

Discordancia

Lo que veo en el espejo jamás ha coincidido con lo que sé que soy.

Esta figura escuálida, pálida y frágil no le hace justicia al monstruo que la habita.

Mucho menos este rostro agrietado y blanco como mármol, de labios incitantes y ojos suplicantes.

Desmerecen el fuego y la lluvia que ellos escupen.

Tanto, que cuando todos los demonios juntos se disponían a romper en pedazos ésta escultura inspirada en Tiziano, decididos a terminar con el encierro, su fragilidad y docilidad les hicieron pensar "sería todo un desperdicio".

Pero no soy un caso único.

Cuando pasaste al plano tridimensional, y tuve tiempo y ojos y labios y lengua y piel y lucidez suficientes para absorberte por más de 24 horas, se bifurcó la línea que trazaba tu imagen en mi mente: la calidez de tu voz no hace eco a la estridencia de tus letras; la asombrosa suavidad de tu piel, más parecida a un cúmulus que a un ser humano, contrasta con las escamas de tus demonios y el inagotable calor de tu alma derrite al hijodeputa que a todos les quieres vender.

Mi percepción se confunde ante estas discordancias que, sin embargo, hacen nacer en mis entrañas un bizarro alivio: nunca parecemos lo que realmente somos.

lunes, febrero 16, 2009

Martin L.Gore dixit:

Cuando estás en mis brazos
el mundo cobra sentido
no hay pretensiones
y tu estás llorando

cuando estás a mi lado
no hay defensa
me olvido de sentir
que estoy muriendo

somos gente dañada
rogando por algo que no provenga de nuestro interior
almas depravadas
confiando en la única cosa que ésta vida no nos ha negado

cuando siento el calor de tu alma
olvido que estoy frío y llorando
cuando tus labios tocan los míos
y pierdo el control
olvido que estoy viejo... y muriendo.